viernes 2 de octubre de 2009

Retazos de La Noche

(Nota: cabe aclarar que no todas las historias me pasaron a mi. Estan contadas en primera persona pero algunas son de conocidos)

La vida nocturna tiene diferentes matices e interpretaciones según tu estrato, gustos musicales, ingresos económicos, preferencias sexuales, oficio, formas en las que te diviertes, gente con la que andas, condición social, el lugar que habitas, en fin, tu pinche estilo de vida.

Hace varias semanas, aburrido de hacer siempre lo mismo en esa ciudad conocida como Santiago de Cali, decidí durante varios días salir con varios personajes, a explorar los diversos lugares de la rumba, mirar a fondo aquellas calles donde suceden tantas cosas y observar a los seres de la noche.

La sexta, la famosa zona Rosa de la ciudad, es un lugar que te puede llegar a helar los huesos. Diversos hombres vestidos de mujer, con tacones, dealers que antes se dedicaban a robar y prostitutas en descomposición, debido al trajín de las drogas, la noche y una que otra enfermedad del pasado, son los seres que te abordan si pasas caminando por aquel lugar. Aclaro que no se te acercan a hacerte daño, o robarte. Lo que quieren es un poco de tu alma, de tu tiempo, de tu dinero a cambio de sus servicios, de tu decencia, si es que aún la conservas. Aunque no los puedes torear. Si te llegan a decir algo simplemente sonríe, diles gracias y miénteles agregando que después.

Rodrigo según él, siempre fue una mujer encerrada en un monstruoso cuerpo de hombre. Desde pequeño sentía que no encajaba y odiaba a los niños que lo llamaban mariquita. Como no tuvo una figura paterna en su casa, ya que su padre lo abandonó antes de que él naciera, su niñez la pasó entre "las faldas" de las mujeres de su familia. Rodrigo no terminó el colegio, no se puso a trabajar sino que se la pasaba midiéndose los vestidos de su mamá y soñando con Madonna. Ídolo que todas las noches trata de imitar en lo que él llama su trabajo o hobby. Rodrigo es un travesti de la sexta que desde hace 10 años desesperado por no tener dinero y no poder ser la mujer que debía ser, decidió comenzar a pararse con sus "compañeras" en aquella maldita calle a satisfacer los deseos sexuales de muchos ciudadanos. Con el dinero que ha ganado a punto de poner el culo (literalmente), ha podido salir adelante, sostener a su mamá y darse ciertos lujos necesarios, como el colágeno y cirugías clandestinas que lo han hecho más mujer. Aunque aún no se decide por rebanar ya saben que.
Rodrigo como muchas personas transexuales no escogió nacer así. A veces (me confiesa con un poco de pena) quisiera ser lo que la sociedad llama “normal”. Pero su naturaleza no se lo permite, él terminó haciendo y siendo lo que le gusta. Aunque piensa en la vejes y siente miedo porque sabe que no siempre será igual. Llegará un día en que mirará atrás y querrá haber tenido hijos, una familia, un trabajo en una oficina, un oficio donde no se haya sentido suci@.
Rodrigo se mete un pase de perico, me mira feo y me echa; me dice que me largue que ya no va a hablar ni mierda. Le insisto que quiero seguir con la crónica, que se calme. Empieza a gritar como un loco, sus compañer@s vienen corriendo preguntando qué pasa; salgo disparado queriendo nunca volver.

Cerca a la sexta (relativamente), hay un sitio que odio llamado La Fuente. La primera vez que fui lo hice hace cuatro años. El lugar olía a orines, era sucio, oscuro, y puros viejos decadentes tomaban cervezas y bailan salsa de la old school. Fui por culpa de unos melómanos de mi edad que al no tener viejas y para aliviar su fracaso social se echaban el pajazo mental, diciendo que iban a oír salsa y tomar cerveza a precio de estanco. El lugar me pareció tan soso y aburrido que no quise volver. Pasarían años para que una noche regresara con una tonta que me obligó. El panorama había cambiado. Ahora puros hippies, alternos, locos, seudo artistas, intelectuales, comunicadores o humanistas, como los quieran llamar, habían invadido el lugar. Toda la cuadra era llena, los jóvenes bailaban en el andén, discutían sobre cine, la Sonora, la Fania, el presidente paraco y otro montón de trivialidades.
Comencé a observarlos y caminar entre ellos. Ya el olor a miaos había sido reemplazado por uno a sudor y marihuana. Divisé algunos profesores que se niegan a envejecer con sus pupilos lameculos. Luego a los pobres viejos medio tristes por ser invadidos, pero a la vez felices por morbocear a las "muchachas" que se atrevían a bailar en tan desagradable tienda. Salí corriendo hacia la calle pues creí que iba vomitar. Luego observé las chivas que pasan por el lugar, deseé que a una de ellas le fallaran los frenos, se estrellara contra todos y acabara con mi miseria.

Y entonces estaba yo en la calle. Éramos cuatro pelmazos que tomábamos vino, Cava Vieja para ser exactos. Luego fumábamos vareta y dos ociosos pasaban al perico. La idea era recorrer las calles viendo haber que pasaba. Empezamos a caminar por la tertulia, Granada, la sexta. Lo mismo de siempre, gente tomando en tiendas finas, carros pasando, la policía requisándonos (creo que unos ya lo tienen de hobby), prostitutas tentándonos e individuos con ansias de robar. Caminamos hasta un muro de la octava y nos sentamos. Depronto comencé a escuchar unos gemidos, eran leves pero el viento los llevaba hacia mis oídos. Los gemidos eran graves y lentos, eran de hombre. Luego comenzaron a escucharse más duro. Mis amigos seguían hablando, yo ya estaba desesperándome, parecía que ellos no los escuchaban pues no decían nada y seguían contando babosadas. Entonces yo no aguanté más y los interrumpí diciéndoles que escucharán. Todos callaron... nada, sólo silencio. Comenzaron a mirarme como si fuera un loco, les indiqué que esperarán. El viento sopló, a lo lejos sonaban unas sirenas de ambulancia, eran las dos de la mañana y los gemidos volvieron a escucharse seguidos de un "jueputa". Mis amigos rieron en voz baja, yo asentí y mis ojos brillaron. Empezamos a caminar hacia ellos, estos cada vez se incrementaban. No había duda, eran de hombre, probablemente de un hombre grande. Cruzamos la esquina, habían varios carros parqueados. A escasos metros se divisaba una discoteca que en mi vida había visto. Seguimos caminando casi que en puntillas para no ser detectados; los gemidos ahora eran un escándalo, una gritadera perversa. Y entonces los vimos, nunca había presenciado cosa de tal magnitud, él que gritaba era un hombre de 40 años, trigueño, de jean y camiseta pegada, mientras un joven de escasos 15 años le succionaba el miembro. Ambos estaban sentados en unas pequeñas escaleras. Ver la boca de aquel degeneradito hundirse en el pedazo de carne del viejo me produjo náuseas. No soy homofóbico, pero creo que ya había visto suficiente. Pasaron cerca de 30 segundos para que uno de mis amigos comenzara a reír y gritarles. Los hombres se sorprendieron y creo que hasta el joven estuvo a punto de atrancarse. El viejo se subió los pantalones y comenzó a balbucir cosas. Yo permanecí quieto hasta que el último "cacorro", exclamado por uno de mis amigos, produjo una ira demencial en aquel hombre que nos hizo salir corriendo porque quería matarnos a patadas.

Llegué yo a una de las discotecas más concurridas de la ciudad. Sonaba un merengue y el lugar estaba teto. Mi amigo un joven de mucho dinero andaba con tres "hot cyborgs hard core mamacitas". Las hembras eran de 27, 30 años, tenían más de 50 palos en cirugías y la palabra sexo se podía leer en sus frentes. Yo estaba tan feliz que casi me orino en los jeans. Je, je, no mentiras pero de inmediato presentí que la noche iba a estar buena. En el lugar como siempre uno podía ver la gente de todas las noches. Jóvenes que quieren ser traquetos como mi amigo. Niños bien, traquetos de verdad y uno que otro guasampiro de esos que aman bailar bachata (entiéndase por ordinario descarriado).
Me senté en la mesa. De inmediato las hembras me ofrecieron trago y una se me sentó al lado. En ese momento tuve mis sospechas. ¿Por qué eran tan amables aquellas mujeres? Normalmente no es que llegue a un lugar y se me tiren las viejas encima. Y menos unas gatas como las que ahora me rodeaban mientras mi amigo, al mejor estilo de Tony Montana, me observaba desde su asiento mientras se fumaba un cigarrillo como si fuera un habano. "Mucho fantoche" pensé. Mediante el tiempo fue pasando y el trago aumentando empecé a charlarme a Lina, la mona, alta, tetona que se había sentado al lado mío.

Bailamos reggaetón, merengue, salsa y hasta electrónica. En un momento que la tuve muy cerca lancé mi cara contra la de ella y nos dimos un beso una delicia. Mientras ella rozaba su lengua contra la mía abrí los ojos y observé a mi amigo en la mesa. Para mi sorpresa se estaba dando un beso con una de las viejas, luego él se apartó y las dos se comenzaron a besar, mientras el desgraciado aplaudía y las personas de las otras mesas miraban y se reían. Ahí lo comprendí todo, comprendí por qué Lina me había evadido cuando le dije que qué hacía y porque no me había respondido cuando insistí preguntándole que si estudiaba. Lina y sus amigas no habían salido con nosotros porque fuéramos unos papis o unos manes muy ásperos. Lina y sus amigas estaban allí porque eran unas prepagos. Decidí continuar con la farsa, no tenía que sentirme mal sólo relajarme y disfrutar. Total yo ni iba a pagar. Acerqué a Lina hacia mi cuerpo y empecé a pensar que cochinadas le haría esa noche. La vida era curiosa, seguí pensando y de repente tuve una pequeña erección. Lina también la sintió y tirándome un beso sonrió.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Jejeje...
Muy bueno, me gusta la forma espontánea de contar las vainas. muy chevere, a demás el relato lo deja a una como lectora en que habra pasado, es buena la expectativa, y que no le den a una todo molidito. Chevere.

Daniel dijo...

gracias ojala eso pensaran todos los imbeciles de Cali que dicen saber sobre medio editorial